El sol y el día son tremendamente bastos, masculinos, que te despiertan con crudeza, casi zarandeándote, mientras que la noche, como la pequeña muerte que dicen que es, llega silenciosa, meciéndote como una caricia, ¿quién no preferiría permanecer es esas caricias sedosas en lugar de los rudos gestos del día? Puede que soñar la mañana sea mejor que despertarse para vivirla, aunque si no la vivimos tampoco podremos soñarla...