EL HOTEL ELÉCTRICO
"Tocata en Re MeNoR"(BWV 565) J.S BaCH
SINOPSIS
Un matrimonio llega a un hotel donde todo funciona automáticamente: la maleta se abre sola sobre la cama, despliega todo su contenido y luego este se introduce en los cajones; el cabello de la mujer es soltado y peinado por sí solo, sin que medie mano alguna; un cepillo lustra las botas del marido... Cuando el encargado de la maquinaria coge una borrachera, el orden del hotel se convertirá en un caos...
Ficha Técnica
Director/Guión/Fotografía/Efectos especiales: Segundo de Chomón(
Pionero de la animación)
Producción: Macaya y Marro o Pathé
Intérpretes: Señora de Chomón (Laura), Segundo de Chomón (Bertrán)
Nacionalidad y año: España 1905 ó Francia 1908
Duración y datos técnicos: 7 min. B/N.
Comentario
Mientras en Francia Georges Méliès creaba los cimientos del cine como espectáculo y los principios del trucaje con cintas como Viaje a la Luna, otro tanto sucedía en España con el aragonés Segundo de Chomón (1871-1929). En verdad que, hasta hace bien poco, escasa justicia se ha hecho a este hombre que tuvo tanta o más importancia que Méliès en la historia del cine, creador de infinidad de trucajes y hasta técnicas de filmación. Como tantos otros, tras unos inicios dubitativos en España, donde rodaría cintas como Choque de trenes (1902), Gulliver en el país de los gigantes (1903) o Los guapos del parque (1905), todas ellas de unos escasos minutos de duración, ha de emigrar a Francia, donde filma para Pathé infinidad de títulos como La maison hantée (1907), Voyage à la planète Jupiter (1907) o hasta un Voyage dans la Lune (1909). Después se traslada a Italia, donde colabora con Giovanni Pastrone (1883-1959) en la mítica Cabiria (Cabiria, 1914), el primer peplum de importancia de la historia del cine, en la que trabaja como cameraman e inventa el travelling, o, de nuevo en Francia, en la magistral Napoleón (Napoleon, 1927) de Abel Gance desarrolla ideas tan curiosas como introducir una cámara en un cañón y dispararla mientras rueda -idea retomada sesenta años más tarde, gracias al uso del ordenador, por el estupendo Gregory Nava en La fuerza del destino (A Time of Destiny, 1988)-.
