Mi?rcoles, 12 de julio de 2006
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PERFIL DEL HOMBRE VIOLENTO


Los hombres violentos en el hogar no constituyen una muestra homog?nea. Ha habido varios intentos de establecer tipos de maltratadores en funci?n de diversas variables (extensi?n de la violencia, perfil psicopatol?gico, etc). La originalidad de este estudio radica en establecer una tipolog?a en funci?n de los trastornos de personalidad y en sugerir l?neas de intervenci?n terap?uticas especificas acordes con ella. Se trata, en ?ltimo t?rmino, de proponer programas de intervenci?n a la medida seg?n el tipo de trastorno de personalidad experimentado.

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En este estudio se han seleccionado 100 maltratadores, procedentes de una muestra total de 840 hombres violentos en el hogar sometidos a tratamientos y pertenecientes a un estudio multic?ntrico en cuatro ciudades norteamericanas distintas. El 82% de los sujetos llegaron al programa por v?a judicial. A todos ellos se les ha aplicado el MCMI-III (Inventario Cl?nico Multiaxial de Millon).

El an?lisis de los perfiles sugiere la existencia de seis perfiles de personalidad diferenciados, dos de los cuales (paranoide y l?mite) (el 15% de la muestra) son graves y vienen acompa?ados frecuentemente de trastornos del eje I (depresi?n mayor por ejemplo) del DSM-IV; otros dos son de gravedad media (narcisista y antisocial) (el 29%); y, por ?ltimo, otros dos son de gravedad baja (narcisista / adaptado y evitador / depresivo) (el 56% del total). Estos dos ?ltimos, al ser leves, presentan alteraciones adaptativas, pero no encajan directamente con los criterios diagn?sticos estrictos de un trastorno de personalidad.

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Una vez elaborados los seis perfiles de personalidad, se describe cada uno de ellos, se ilustra con un caso cl?nico y se marcan algunas sugerencias especificas para el tratamiento en funci?n del perfil descrito. En cuanto a los menos graves, los maltratadores narcisistas / adaptados pueden beneficiarse si se establecen de forma explicita los objetivos del tratamiento, se plantea la aceptaci?n de la responsabilidad con tacto, sin herir su autoestima, y se lleva a cabo un entrenamiento adecuado en empat?a. A su vez, los maltratadores evitadores / depresivos responden bien al reforzamiento del terapeuta, al entrenamiento en habilidades sociales y de comunicaci?n y a la reestructuraci?n cognitiva de sus miedos infundados y pueden requerir un tratamiento complementario de tipo psicol?gico o psicofarmacol?gico para hacer frente a los s?ntomas de ansiedad y de depresi?n.

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En cuanto a los medianamente graves, los antisociales, requieren el establecimiento estricto de limites, el desarrollo de la empat?a y el control del abuso de alcohol y drogas. A su vez, los narcisistas puros debe motiv?rseles con un tratamiento del que van a obtener mas ventajas que inconvenientes y con tareas en grupo que puedan controlar su tendencia al individualismo estricto.

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Respecto a los muy graves, los paranoides, que se suelen presentar como victimas, necesitan ver un beneficio directo del tratamiento, lo cual se puede conseguir, m?s que con un desaf?o directo a sus ideas irracionales, con una comunicaci?n abierta, unas tareas graduadas y una estrategia de soluci?n de problemas. Por ?ltimo, los maltratadores con el trastorno l?mite, que son impulsivos, inestables emocionalmente y con tendencias suicidas, pueden beneficiarse si se les ense?a una regulaci?n de los afectos, un control del abuso de alcohol y drogas y el manejo de la ansiedad y de la ira, as? como habilidades apropiadas de la comunicaci?n.

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A lo largo de la historia, la violencia se ha tolerado y estimulado tom?ndose como forma de resolver las tensiones y los conflictos. En relaci?n a las mujeres, la violencia contra ellas es una expresi?n de la creencia por parte de los agresores de desigualdad, entendida esta como afiliaci?n de superioridad del sexo masculino sobre el femenino. Es un problema que afecta a toda la sociedad y que por tanto, ha de analizarse ( entre otros campos) desde un contexto social.

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Cuando se habla de agresividad, violencia y malos tratos, surgen algunas preguntas que nos llevan a planteamientos y conclusiones err?neas. Algunos de los interrogantes que se nos plantean son: ? es el ser humano agresivo por naturaleza?, ? qu? es la agresividad?, ? qu? son los malos tratos?, ? quiere decir lo mismo violencia que agresividad? ( Espada y Torres, 1996a); que aqu? vamos a intentar resolver.

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La agresividad es una respuesta adaptativa y necesaria para afrontar de forma positiva situaciones peligrosas. Por otra parte, la violencia es una acci?n u omisi?n innecesaria y destructiva de una persona hacia otra; s?rvase como ejemplo, aquella en la que durante una discusi?n familiar cuando no se llega a un acuerdo, el padre de familia impone agresivamente su criterio con descalificaciones verbales, gritos y amenazas. Todas las personas pueden ser agresivas pero esto no hace necesariamente que tengan que ser violentas. Mientras la agresividad es algo b?sico del ser humano para su supervivencia, la violencia es siempre destructiva. Los comportamientos m?s violentos y crueles en el ser humano no responden al instinto de autodefensa. As?, el maltrato dom?stico se puede definir como agresiones f?sicas, ps?quicas, sexuales o de otro tipo, que se llevan a cabo de forma reiterada por parte de un familiar, y que causan da?o f?sico o coartan la libertad de otra persona.

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Seg?n la declaraci?n de las Naciones Unidas sobre la eliminaci?n de la Violencia contra la Mujer, en su art?culo 1; la violencia contra las mujeres es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un da?o o sufrimiento f?sico, sexual o psicol?gico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacci?n o la privaci?n arbitraria de libertad, tanto si se produce en la vida p?blica o privada.

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Un total de 51 mujeres han perdido la vida en Espa?a este a?o a causa de la violencia de g?nero en lo que va de a?o. De ellas, m?s de la mitad (51 por ciento) han perdido la vida bien a manos de sus ex parejas o, bien cuando se encontraban en la fase de ruptura de su relaci?n, seg?n datos elaborados por el Instituto de la Mujer.

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La proporci?n de mujeres que pierde la vida a manos de su pareja cuando intenta poner fin a su relaci?n sentimental viene aumentando desde el a?o 2000, cuando el porcentaje de parejas en crisis era de un 32 por ciento; en 2001, estos casos representaron un 45,1 por ciento; en 2002, un 30,2 por ciento; y en 2003, un 38 por ciento. Por otro lado, se han registrado seis v?ctimas mortales menos los nueve primeros meses de este a?o respecto a los nueve primeros meses del a?o 2003, cuando se contabilizaron 57 mujeres muertas. Adem?s, del total de v?ctimas un 21,5 por ciento de las fallecidas eran extranjeras, frente a un porcentaje del 14 por ciento durante todo el a?o pasado.

En cuanto a la progresi?n a lo largo del a?o, en los meses de enero y febrero el n?mero de fallecidas fue sensiblemente inferior, con 2 y 4, respectivamente, pero a partir de marzo el n?mero se eleva hasta 7 y cada mes se han contabilizado cifras de 6 o 7 v?ctimas mortales.

TIPOS DE MALOS TRATOS EN LA VIOLENCIA DE G?NERO

Un acto de maltrato tiene siempre como consecuencia secuelas f?sicas y psicol?gicas. Sin embargo, dependiendo de la naturaleza del maltrato, las consecuencias psicol?gicas pueden ser distintas. Las diferentes formas de malos tratos, dependen tanto de la actuaci?n del agresor como de las consecuencias para la v?ctima:

- Ps?quicos. Actos o conductas que producen desvalorizaci?n o sufrimiento en las mujeres: amenazas, humillaciones, exigencia de obediencia, convencimiento de culpabilidad ante cualquier problema, insultos, aislamiento, descalificaci?n o ridiculizaci?n de sus opiniones, humillaci?n en p?blico, ...

- F?sicos. Actos no accidentales que provoquen o puedan producir da?o f?sico o enfermedad en la mujer: golpes, heridas, fracturas, quemaduras, ... Pueden aparecer bien de forma cotidiana o c?clica.

- Sexuales. Imposici?n a la mujer de una relaci?n sexual en contra de su voluntad y donde se utiliza la fuerza o la intimidaci?n. Cuando se produce penetraci?n forzada, es considerado violaci?n.

EL AGRESOR: CARACTER?STICAS PERSONALES

La agresividad ha sido muchas veces plasmada en sujetos con caracter?sticas m?s bien deformes, desagradables o anormales, como si con esto asintiesen la fantas?a generalizada de que los violentos, los hombres da?inos o peligrosos, son personas mentalmente desequilibradas y f?sicamente reconocibles por sus siniestras facciones (Pastor, 1994a). Por supuesto que la correlaci?n entre aspecto f?sico y temperamento hoy ya no es un tema cre?ble como lo fue en las ?pocas en que estuvieron de moda las tipolog?as. Sin embargo, no hay que olvidar que todo observador tiende, seg?n la teor?a perceptiva de atribuci?n, a figurarse o formarse una idea del temperamento y personalidad de los dem?s bas?ndose en su aspecto f?sico, de modo que una persona que no resulte " agradable a la vista" tiene m?s probabilidad de que le acusen de un crimen violento, que otra con facciones normales o agradables ( Dion, K. K., 1972).

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M?s cre?ble es, aunque tampoco demostrada del todo, la creencia de atribuir agresividad extrema a desequilibrados ps?quicos, a enfermos mentales o con desajustes emotivos. Cierto es que la agitaci?n y la psicomotricidad exaltada que manifiesta un enfermo dominado por tensiones afectivas, impulsan muchas veces a cometer actos violentos de agresi?n. M?s en concreto, las personalidades psicop?ticas se caracterizan por una enorme desproporci?n entre sus reacciones agresivas y los est?mulos que las provocan; ya que estas son inadaptadas y de conducta antisocial ( Pastor, 1994b). No obstante, aunque entre los hombres violentos se encuentre un porcentaje m?s elevado de psic?patas y neur?ticos que entre la poblaci?n normal ( Conger y Miller, 1966), la agresividad no es causa solo de este perfil de personas. Esto, se demuestra cuando el hombre " normal" que arremete sabe que hace un da?o a su v?ctima y por esto, trata de disculparse mediante el remordimiento o la autocr?tica. De echo, la estrategia del arrepentimiento, la utilizan para captarse de benevolencia ante el juicio social que esto conlleva y as? reducir los posibles riesgos de ser castigado. Otras veces, emplean la autojustificaci?n a trav?s de la racionalizaci?n, criticando as? la " maldad" de su v?ctima haciendo de esta manera comprensible su actitud agresiva contra ella.

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El hombre violento no es exclusivo de una determinada clase social, puede existir en cualquier ciudad y lugar. Aunque no es posible generalizar sobre las caracter?sticas personales de aquellos que provocan este tipo de actuaciones, distintos estudios sobre los agresores en la violencia de g?nero demuestran que existen ciertas peculiaridades, vivencias y situaciones espec?ficas comunes a la mayor?a de ellos. Un gran porcentaje de maltratadores han sido v?ctimas o testigos de malos tratos, adoptando este comportamiento como una forma normal de relacionarse. Lo han experimentado como sistema de poder, aprendiendo que ejerci?ndolo en el hogar, obtienen la m?xima autoridad y consiguen lo que quieren. El hombre violento es el resultado de un sistema social que ofrece los ingredientes para alimentar esta forma de actuar. Aspira a ejercer un poder y control absolutos sobre su pareja en lo que hace y en sus pensamientos y sentimientos m?s ?ntimos. Consideran a su pareja como una posesi?n que tienen derecho a controlar en todos los aspectos de su vida ( Espada y Torres, 1996c).

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Los hombres maltratadores suelen tener una imagen muy negativa de s? mismos, provocando esto una baja autoestima, sinti?ndose por esto fracasados como persona, y consecuentemente actuando de forma amenazante y omnipotente y reforz?ndose as? con cada acto de violencia.

Suelen ser patol?gicamente celosos, queriendo ser los primeros y ?ltimos, y por tanto los ?nicos, en la atenci?n de su mujer. As?, una parte muy importante en la iniciaci?n de los actos de violencia suele ser la percepci?n err?nea que tienen de que su pareja les puede abandonar, sin tener en cuenta la posibilidad de que ellas puedan tener distintos tipos de relaciones con otras personas ( de amistad, de familia, ...). Desconf?a as? de todo lo que hace, sintiendo celos de cualquiera que le hace sentir que le quita el afecto de su esposa y ?l lo quiere todo de ella, deseando tenerla en casa siempre.

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Tambi?n en sus espacios de desarrollo personal y social, los hombres presentan una serie de caracter?sticas:

En el espacio intelectual ( que media entre el f?sico y el cultural); se les ense?a a no poner atenci?n a sus procesos emocionales debido a que se cree que estos obstaculizan su forma de pensar. Es el espacio m?s importante para la masculinidad del hombre violento, tiene la percepci?n distorsionada de que su pensamiento nunca es err?neo, y as? aparece la violencia emocional con otras personas y consigo mismo. En su espacio f?sico se prueba a s? mismo que es superior a trav?s de la fuerza f?sica, de su forma de caminar, en la pr?ctica de determinados deportes, ... En cuanto al espacio emocional, la forma que tiene de procesar internamente su relaci?n con el mundo externo e interno, est? menos desarrollado porque mantiene la creencia de que las emociones le hacen sentirse m?s vulnerable de cara a los dem?s, y por ello, reprime este espacio. Espacio social es el que permite desarrollar los contactos, interacciones e intercambios con el resto de las personas que nos rodean. El hombre violento, crea relaciones de competencia, controlando los intercambios sociales de su pareja. La forma de procesar la informaci?n mediante el aprendizaje que recibimos del grupo social m?s inmediato, es la que conforma el espacio cultural; todas las creencias que definen y refuerzan la supuesta superioridad de los hombres sobre las mujeres , ya sean mitos o tradiciones , son las que apoya el hombre violento, ya que de esta forma es como obtiene beneficios.

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? POR QU? AGREDEN?

No existe causa ?nica que provoque los malos tratos, aunque por lo general s? hay una serie de factores de riesgo que pueden hacer surgir la aparici?n y posterior mantenimiento de la violencia de g?nero. Aunque existen otras variables que se analizan posteriormente, una de las causas principales es la situaci?n de desigualdad real en la que puede encontrarse la mujer ( menor fuerza f?sica, dependencia econ?mica, menos relaciones sociales debido al aislamiento por estar en casa, ...). La mujer que depende econ?micamente de su pareja, tiene m?s probabilidades de mantener la relaci?n violenta a lo largo del tiempo. As? mismo, en las situaciones en las que la mujer tiene un rol de subordinada dentro de la familia, har? que se mantengan a largo plazo los malos tratos; Son aquellos casos en los que es una mujer desvalorizada y no apoyada socialmente ? adoptando papeles de tolerancia, subordinaci?n, sentimientos de sacrificio, no reconocimiento de derechos humanos b?sicos, ... ? todo esto har? acrecentar sus necesidades y dependencia hacia el hombre que est? con ella reforzando esto su necesidad de adaptaci?n hacia el maltrato.

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Factores socio - culturales

Existen estad?sticas criminol?gicas con porcentajes favorables para la opini?n de que los miembros de las clases m?s ?nfimas de la sociedad sean m?s violentos que los de las clases medias y altas ( Wolfgang y Ferracuti, 1967). Estos estudios han descubierto que el medio sociocultural en el que viven las clases m?s bajas fomentan actitudes y valores favorables a la fortaleza corporal, a la tenacidad y a la resistencia f?sica, lo que conlleva a agredir a su pareja, reforzando de esta forma su concepto de masculinidad ( Miller, Geertz y Cutter, 1961). Sin embargo, hay que mostrar cautela a la hora de atribuir, seg?n el esquema de causalidad, la pertenencia a clases bajas, medias o altas la agresividad de las personas, ya que las estad?sticas no muestran que la causa del hombre violento sea el pertenecer a una clase social, y es muy probable que se deba adem?s a otras variables m?s espec?ficas ( Pastor, 1994c). Las ciencias que analizan lo social, recalcan con sus estudios que la conducta agresiva es el resultado de experiencias tempranas o de aprendizaje social, debido a motivaciones externas como la frustraci?n, la aversi?n o la amenaza de un peligro bien f?sico o psicol?gico, defendiendo exclusivamente la influencia de factores sociales como causa. Sin embargo, desde una perspectiva m?s realista y cient?fica, se concluye que las reacciones del hombre violento se deben a una mosaico de distintas variables. Seg?n el modelo de Berkowitz, existe una interacci?n din?mica entre la biolog?a ( que puede afectar a la conducta) y las condiciones ambientales ( que favorecen o inhiben la expresi?n de dichas tendencias), pudiendo influirse ambas variables mutuamente ( Mart?n Ram?rez, 2000a).

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Factores biol?gicos

Los enfoques biol?gicos tienden a explicar la agresi?n como algo inherente a nuestra naturaleza, en vez de adquirido a trav?s de las experiencias vividas y el aprendizaje. As?, Desmond Morris ( 1969) describe nuestras ciudades como jaulas donde prevalece la violencia an?nima, o Alexandre Mitscherlich ( 1969), que considera al hombre como una marioneta que debe someterse a todos sus instintos inconscientes. No obstante, la mayor?a de los autores que apoyan la predominancia biol?gica de la agresi?n, suelen defender la plasticidad de los instintos, exponiendo que solo algunas personas se muestran como pautas de acci?n fija, explicando de esta forma por qu? en determinadas situaciones algunos hombres, y no todos, act?an de forma violenta.

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Seg?n parece, las hormonas sexuales tienen un efecto directo sobre comportamientos espec?ficos de cada sexo ( Mart?n Ram?rez, 2000b): los andr?genos producen un aumento en el enfado y en la tendencia hacia la agresividad. Por el contrario, la administraci?n de estr?genos tiene efectos opuestos ( Van Goozen, Cohen ? Kettenis, Gooren, Frijda y Van de Poll, 1995). No obstante, no existen datos evidentes, sino s?lo meras concurrencias correlacionales sobre el eventual efecto causal de la testosterona en muchas de las diferencias observadas del comportamiento violento de algunos hombres. La testosterona fomentar?a la agresividad a trav?s de distintos mecanismos diferentes: a) una v?a sensitiva a los andr?genos, b) una v?a sensitiva a los estr?genos y c) una combinaci?n de ambas, donde la v?a funcional estar? determinada por el genotipo ( Sussman, Worrak, Murowchick, Frobose y Schwab, 1996). Por ?ltimo, a?adir que la experiencia social tambi?n influye en el nivel hormonal, por ejemplo, el estr?s puede disminuir en nivel de andr?genos en los hombres, mientras que un estado de ?nimo positivo y el ?xito pueden aumentarlo.

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Dicho todo esto, desde la perspectiva biol?gica se concluye que, aunque tras la existencia de datos experimentales disponibles que convencen sobre las relaciones funcionales entre bioqu?mica y conducta, todav?a hoy resulta dif?cil separar causas y efectos: a?n quedan importantes lagunas sobre c?mo se modular?an bilateralmente hormonas y agresi?n en el hombre violento ( Mart?n Ram?rez, 2000c).

Factores psicosociales

Teniendo en cuenta las explicaciones dadas hasta ahora sobre el comportamiento agresivo de los hombres en la violencia de g?nero, est? claro que no son defendibles las posturas extremas que hablan de este comportamiento perturbado como determinado exclusivamente por mecanismos gen?ticos o ambientales. Se considera necesario reflexionar de manera personal acerca de las creencias y principios que existen y mantienen la clase de relaci?n en la que se sustenta la pareja. Solo as?, se puede llegar a comprender las ideas err?neas que los agresores tienen al basarse exclusivamente en el principio de desigualdad que se les ha sido transmitido a trav?s de la cultura, de que el hombre es quien manda y el que decide usando la violencia f?sica, psicol?gica y/o sexual para reforzarse en este tipo de creencias; siendo as? hombres tradicionalistas y que creen en roles sexuales estereotipados. De esta forma, mantienen una actitud totalmente negativa y discriminatoria que se basa en su creencia de desigualdad de las mujeres, que para Glick y Fiske ( 1996) gira en torno a: a) Paternalismo dominador, suponiendo que la mujer es inferior y m?s d?bil que el hombre y por tanto realza la figura dominante masculina; b) Competitividad en la diferenciaci?n de g?nero, considerando que las mujeres no tienen las caracter?sticas ni habilidades imprescindibles como para desenvolverse en el medio p?blico; y c) Hostilidad heterosexual, atribuyendo a las mujeres un poder sexual que les hace manipuladoras para con los hombres. Desde este enfoque psicosocial, existen distintos estudios ( Coleman, 1980; Fern?ndez ? Montalvo y Echebur?a, 1997; Defensor del Pueblo, 1998) que sugieren que las actitudes y creencias mis?ginas podr?an ser un elemento com?n y diferenciador de los maltratadores ( Ferrer y Bosch, 2000). Seg?n Eriksson ( 1997) la violencia dom?stica refleja las desigualdades relacionales de poder entre los distintos sexos; la mujer es v?ctima de la violencia debido a su sexo, y el hombre la utiliza para ejercer su poder.

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Factores psicopatol?gicos

Existen otros factores que tambi?n pueden, y de hecho la realidad as? nos lo demuestra, desencadenar los comportamientos violentos, como el alcoholismo, los graves problemas econ?micos, el desempleo prolongado, la drogadicci?n, antecedentes de rechazos afectivos o trastornos psicopatol?gicos. Todos estos act?an como generadores de estr?s, que si no se aprende a afrontar de una forma positiva y sana, pueden tener esta fatal consecuencia, aunque ninguno pueda tomarse como causa que por s? misma lo explique. Es importante se?alar ( Espada y Torres, 1996d) que algunos estudios, tanto de la Comunidad Europea como de Estados Unidos, indican que una de las causas m?s importantes de los malos tratos en el hogar est? en la personalidad del maltratador. Corroboran que, frecuentemente, los hombres violentos que maltratan a sus mujeres muestran ciertos rasgos patol?gicos como pueden ser impulsividad, paranoia ( delirios celot?picos), inseguridad, personalidad depresiva, as? como tendencia a culpar a los dem?s de sus fallos como intento de reforzar su baja autoestima. Desde esta perspectiva se considera que el hombre act?a de esta manera desadaptada, por tener un problema psicol?gico o psiqui?trico, y al sufrir una disfunci?n se sienten vulnerables e inseguros, por lo que tienden a sobrecompensar su autoestima a trav?s de la violencia.

Bajo este enfoque psicopatol?gico, el hombre maltratador podr?a tener rasgos con los que encajar?a en el tipo de " personalidad s?dica" ( Lelord y Andr?, 1998). Este trastorno de personalidad se caracteriza por un conjunto de comportamientos cuyo fin es hacer sufrir o " simplemente" dominar a la otra persona. Buscan el sufrimiento y sumisi?n del otro exclusivamente por placer personal, y no como medio para alcanzar cualquier otra meta. Son capaces de llegar a arregl?rselas para no infringir la ley, y no obstante seguir haciendo sufrir a la otra persona por un medio jur?dicamente legal ? humillar a alguien en p?blico, aterrorizar a trav?s de amenazas, regodearse con el sufrimiento del otro, forzar a la otra persona a que realice actos humillantes o degradantes, ... -. Este trastorno de personalidad se suele asociar, aproximadamente una de cada dos ocasiones, a otro trastorno de personalidad, siendo los m?s frecuentes el paranoide, narcisista y antisocial.

INTERVENCI?N PSICOL?GICA CON EL AGRESOR

La rehabilitaci?n del agresor no s?lo es posible en muchos casos, sino necesaria para poder romper el ciclo de la violencia -ya sea f?sica o psicol?gica- y evitar su reincidencia. Enrique Echebur?a, catedr?tico de Psicolog?a Cl?nica de la Universidad del Pa?s Vasco, asegura que el ?xito de la rehabilitaci?n se basa en dos puntos: que el maltratador tenga conciencia de serlo y que tenga una motivaci?n para cambiar. En Espa?a, las primeras terapias de rehabilitaci?n de maltratadores se pusieron en marcha en 1995, bajo la coordinaci?n de Echebur?a, con el apoyo del Instituto Vasco de la Mujer y el gobierno local. El programa, seg?n explica el propio catedr?tico, naci? tras varios a?os de prestar asistencia a mujeres maltratadas y comprobar que muchas de ellas segu?an conviviendo con su agresor y que adem?s no ten?an ninguna intenci?n de abandonarle. Tratar a los agresores e intentar que abandonaran sus conductas violentas era una manera m?s de ayudar a las mujeres que sufr?an malos tratos. Pero las terapias resultan igualmente necesarias cuando la v?ctima se separa y se aleja de su agresor, e incluso cuando ?ste cumple condena en la c?rcel. Los expertos tienen claro que cuando una persona ya ha establecido relaciones violentas con una pareja vuelve a repetirlas con otra, ya que lo repite porque obtiene un claro beneficio: la sumisi?n de la mujer. Estos programas se topan, sin embargo, con el rechazo de sectores que defienden la necesidad de que los escasos medios p?blicos que existen para combatir la violencia dom?stica se inviertan en asistir a las v?ctimas. Pero hay algo en lo que s? coinciden tanto los partidarios como los detractores de los tratamientos de rehabilitaci?n: que las terapias no deben sustituir a las penas de c?rcel.

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Las terapias -para empezar, 15 o 20 sesiones a lo largo de 4 meses, con una periodicidad semanal- abordan los estereotipos de la superioridad masculina, roles sexuales, control de los impulsos, los celos? Se persigue que el agresor tome conciencia que cuando degrada a su pareja se degrada a ?l mismo, y de que abandonar las conductas violentas es beneficioso para los dos. El objetivo del tratamiento ( Bolet?n Criminol?gico, 1999), debe orientarse al control de la violencia, al margen de la posible reconciliaci?n conyugal, y no puede limitarse a la detenci?n de la agresi?n f?sica con alguna t?cnica de control de la ira. Lo que es m?s dif?cil de controlar es el maltrato psicol?gico, que puede continuar aun despu?s de haber cesado la violencia f?sica. Las perspectivas actuales se centran en la aplicaci?n de un tratamiento individual cognitivo-conductual, ajustado a las necesidades espec?ficas de cada persona, intercalado con sesiones grupales de hombres violentos, en el marco global de un programa de violencia familiar y con un tratamiento psicofarmacol?gico de control de la conducta violenta, a modo de apoyo complementario, en algunos casos de sujetos especialmente impulsivos o con trastornos del estado de ?nimo. El programa terap?utico debe ser prolongado (al menos, de 4 meses) y con unos controles de seguimiento regulares y pr?ximos que cubran un per?odo de 1 o 2 a?os. Las sesiones grupales, que pueden estar dirigidas por terapeutas junto con alg?n ex-maltratador que act?e como modelo, tienen como objetivo neutralizar los mecanismos habituales de negaci?n, minimizaci?n y atribuci?n causal externa de las conductas violentas.

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Se trata asimismo de generar conciencia del problema y de ayudar a asumir la responsabilidad del mismo, as? como de hacer ver que el cambio es posible y de desarrollar estrategias de afrontamiento efectivas para abordar las dificultades cotidianas. De este modo, expresar la necesidad del cambio - asumida como decisi?n propia y no como resultado de las presiones externas - e interrumpir la cadena de la violencia son los objetivos fundamentales de estos grupos terap?uticos y el requisito imprescindible para abordar otras metas de mayor alcance. Por este motivo, un tratamiento integral del maltrato dom?stico debe incluir la atenci?n psicol?gica del agresor. El enfoque judicial del maltratador suele ser insuficiente porque se castiga como delito o falta en el nuevo C?digo Penal y suele ser penado con multas, arresto de fin de semana o, menos frecuentemente, con prisi?n. Estas medidas penales no han mostrado ser lo suficientemente disuasorias -y en algunos casos han resultado ser contraproducentes- para detener el maltrato (Echebur?a y Fern?ndez-Montalvo, 1997). En cambio, el tratamiento psicol?gico del maltratador, siempre que sea asumido voluntariamente, parece ser la intervenci?n m?s adecuada en la actualidad. De hecho, ha resultado ser un instrumento ?til en aquellos casos en los que el agresor es consciente de su problema y se muestra motivado para modificar su comportamiento agresivo. Por el contrario, las tasas de ?xito en pacientes derivados del juzgado y sometidos obligatoriamente a tratamiento son muy bajas ya que en estos casos el agresor no tiene una motivaci?n genuina para que se produzca un cambio sustancial en su comportamiento. La negaci?n -total o parcial- del problema dificulta la b?squeda de ayuda terap?utica. No es, por ello, infrecuente que no se acuda a la consulta o se haga en condiciones de presi?n (amenazas de divorcio por parte de la pareja, denuncias, etc.), con el autoenga?o de que " esta situaci?n de violencia nunca m?s se va a volver a repetir", siendo esta actitud el reflejo de la resistencia al cambio.

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A causa de lo dicho, resulta prioritario evaluar en estas primeras fases del tratamiento el grado de peligrosidad actual del paciente y el nivel de motivaci?n para el cambio. Reconocer la existencia del problema es el paso previo para la terapia, y s?lo desde esta perspectiva se puede iniciar un programa para el cambio. Las intervenciones terap?uticas con maltratadores han tenido como objetivo ense?ar t?cnicas de suspensi?n temporal, abordar el problema de los celos, controlar los h?bitos de bebida, reevaluar los sesgos cognitivos, dise?ar estrategias de soluci?n de problemas, entrenar en relajaci?n y habilidades de comunicaci?n y ense?ar t?cnicas de afrontamiento de la ira y de control de los impulsos. Con estas terapias utilizadas para un estudio, se ha obtenido al terminar el tratamiento, una tasa de ?xitos del 81% de los casos tratados, que se ha reducido al 69% en el seguimiento de los 3 meses. No deja de ser significativo que la tasa de rechazos y de abandonos prematuros de la terapia afecte a casi el 50% de los sujetos (Echebur?a y Fern?ndez-Montalvo, 1997). La heterogeneidad de los programas y la variedad de las t?cnicas utilizadas hasta la fecha impiden obtener conclusiones definitivas.

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Quiz? convenga en un futuro depurar los protocolos de tratamiento en funci?n de las diversas variables implicadas (modalidades terap?uticas, n?mero de sesiones, formato individual o grupal, etc.) y de los distintos tipos de maltratadores. No obstante, lo que si queda claramente demostrado es que el mero hecho de recibir un tratamiento reduce considerablemente la tasa de reincidencia. Desde una perspectiva predictiva, los factores asociados al ?xito terap?utico son los siguientes: la edad del maltratador, una situaci?n econ?mica desahogada, el comienzo tard?o de la violencia y la realizaci?n de un mayor n?mero de sesiones de pareja.

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Desde un punto de vista general, habr?a que optar por la reeducaci?n y la resocializaci?n en funci?n de esa falta de habilidades o habilidades no adaptativas, as? como una reestructuraci?n de las distorsiones cognitivas que tienen respecto a la mujer; considerando las que siguen como variables alteradas ( G?mez, 1999):

- Deficientes habilidades en la relaci?n con otras personas; tanto en las habilidades de comunicaci?n como a la hora de mantener relaciones sanas con los dem?s. La intervenci?n en la modificaci?n de estas conductas, se basar?a en un entrenamiento exhaustivo y prolongado en el tiempo de habilidades sociales, haciendo hincapi? en la necesidad de mantener una comunicaci?n eficaz con otras personas, as? como adquirir la capacidad de expresarse de forma asertiva, evitando de este modo, futuros conflictos y malos entendidos expresando en todo momento sus opiniones, sentimientos y emociones sin vulnerar los derechos humanos b?sicos de los dem?s y sinti?ndose as? capaces hasta cierto punto de controlar sus impulsos agresivos.

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- No asumen las responsabilidad de sus actos ( no identificando las situaciones peligrosas, no asumen el impacto recibido por parte de sus v?ctimas, no desarrollan estrategias para la prevenci?n de reincidencia). Para paliar esto, se deben llevar a cabo campa?as de informaci?n sobre los impactos psicol?gicos recibidos por las v?ctimas y de sensibilizaci?n hacia estas mujeres, mostrando casos reales y las consecuencias fatales producidas por estos.

- Pobre control emocional, lo que conlleva a una incapacidad para controlar sus impulsos violentos. Se tratar?a de eliminar la ejecuci?n de la conducta impulsiva de agredir, y una posible t?cnica, junto con las intervenciones antes expuestas, ser?a la prevenci?n de la respuesta ( del acto violento), con el fin de que el malestar y la ansiedad producidos por su ira y sus distorsiones cognitivas fueran disminuyendo de forma progresiva hasta su desaparici?n. La prevenci?n de respuesta se llevar?a a cabo mediante la ejecuci?n de respuestas incompatibles con la agresi?n. Esta t?cnica se utilizar?a combinada con las t?cnicas del control de activaci?n ( Labrador, Cruzado y Mu?oz, 1997): la relajaci?n y la respiraci?n.

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- Bajo nivel de autoestima. Reestructuraci?n cognitiva de sus distorsiones a cerca de las capacidades, derechos b?sicos y valores que tiene tanto la mujer como el resto de las personas; causas de las ideas irracionales, parada de pensamiento ( ayudada con las t?cnicas del control de activaci?n antes mencionadas); y autorregistros donde anotan sentimientos, conductas y consecuencias de las mismas, analiz?ndolo todo en las sesiones, conjuntamente con el terapeuta.

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Adem?s de todo esto, hay que tener en cuenta que como las conductas habituales de maltrato se desarrollan y mantienen por razones muy variadas, las t?cnicas concretas de tratamiento propuestas en este programa de intervenci?n no pueden ser homog?neas. Quiere decirse que en determinados pacientes es necesario resaltar, por ejemplo, como objetivo terap?utico la eliminaci?n de los estereotipos machistas o el control de la conducta de celos y pueden pasarse por alto las t?cnicas encaminadas al abuso del alcohol, que pueden no resultar necesarias. En otros casos, sin embargo, resulta imprescindible establecer un programa adecuado de bebida controlada "o derivar al paciente a un centro espec?fico de tratamiento del alcoholismo- y no es preciso atender a otros aspectos, como la educaci?n para la sexualidad dentro de la pareja o la mejora de la autoestima.


psicologa:Elena L?pez Garc?a,Asociaci?n para Formaci?n de la Salud y Desarrollo Personal

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CoMMeNTS
Imaginado por DANIELA BUSTOS
Viernes, 11 de agosto de 2006 | 21:57
HOLA.. ME LLAMO DANIELA Y SOY CHILENA... TE FELICTO POR TU ARTICULO MUY OPORTUNO E INTERESANTE...
ME GUSTARIA SABER SI EXISTE ALGUNA ESTANDARIZACION DEL MCMI- III EN LATINOAMERICA Y SI EL MANUAL SE ENCUNTRA DISPONIBLE EN ESPA?OL.. TRADUCIDO. DONDE LO PUEDFO ENCONTRAR?... AGRADECERIA MUCHO SI PUEDIERAS AYUDARME.. GRACIAS.. Y NUEVAMENTE TE FELICITO.. MI EMAIL ES [email protected]
ImagenESCRiBeMe uN CoMeNTaRio,no muerdo.
Usuario: Estoy logueado en miarroba
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